Mi mensaje en la botella: El necesario nexo entre talento y rentabilidad es el desarrollo de negocio
Intuimos que tras los contenidos de calidad debe haber una rentabilidad que acabará cristalizando (monetizándose) tarde o temprano. Crear y transmitir ideas y conocimientos genera un beneficio en los receptores de las mismas, y, con la estructura adecuada, éstos seleccionarán las fuentes de tales ideas marginando al resto de fuentes o ideas que pugnan por una parcela de su atención. De tal selección se derivan oportunidades que, correctamente aprovechadas, se convierten en beneficios.
La posibilidad de que la generación de contenidos sea rentable depende no tanto (o, no sólo) de la calidad intrínseca de los mismos, sino de su correcta definición desde su concepción como producto. Es decir, de la articulación de un sistema de generación de recursos que retroalimente la generación de más y mejores contenidos. Si no tenemos un sistema de generación de recursos, un modelo de negocio, nuestra labor creadora puede resultar insostenible. Cuando la empresa privada invierte en la producción de un contenido, necesariamente debe tener en cuenta las dos caras de la moneda: el funcionamiento “artístico” de la obra, y su rendimiento empresarial.
Es famosa y conocida la tremenda pobreza material de algunos de los mayores genios de la historia. Mozart, Van Gogh o Gauguin lo pasaron mal para llegar a fin de mes en muchos periodos de su vida. Grandes artistas han acabado sus días entre deudas y desgracias, o a la merced de ser tocados (o no) por la mano de un mecenas. Echar un vistazo a biografías de artistas, científicos u otros creadores sirve para constatar que en la creación intelectual no hay una correlación calidad/ingresos. Esta cuestión, es incluso un inquietante objeto de estudio.
Admitamos que no se puede objetivar el “qué es calidad”. Lo más parecido a una calidad objetiva, pudieran ser los óscar de cine. Resulta curioso observar el estrepitoso fracaso en óscars de las películas más caras de la historia, y también, la casuística desigual cuando hablamos de la relación entre el número de Óscars y el éxito en la taquilla: una película muy oscarizada a veces es un éxito de taquilla, a veces no.
Puesto que la calidad no garantiza los ingresos de una obra (audiovisual, científica, tecnológica), y, debido a que resulta imposible definir qué es calidad, se concluye que debe haber algo más. Pues bien, posiblemente lo más parecido a ese “algo más” que separa el éxito artístico del material sea el desarrollo de negocio. Podemos definir al desarrollo de negocio como la disciplina por la que conseguimos que una actividad genere los recursos necesarios para ser viable y rentable a medio o largo plazo.
En realidad, nosotros también somos creadores a nuestra manera. Creadores de la estructura que permitirá a los creadores de otras disciplinas seguir realizando su labor. Por eso, el evidente desdén que se destila en ciertas relaciones artistas/gestores, no puede sino reflejar la ignorancia de sus protagonistas.
De esta compleja cuestión, del reto de conseguir modelos de generación de recursos que retroalimenten la generación y distribución de contenidos versarán los posts que se irán colgando en este blog. Acertados y equivocados, más o menos relevantes, pero intentando contribuir a iluminar este particular.
