Innovar es hacer lo mismo, pero mejor.
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No hay propuestas, actualmente, que podamos considerar una innovación en términos del modelo de negocio. Las noticias recientes, como el modelo freemium de spotify , o la inciativa de impresión de libros bajo demanda o la venta de artículos con micropagos (tal y como proponen JournalismOline o Google) tienen la constante de no estar inventando nada significativamente diferente en términos de negocio. Ya han sido probadas. La diferencia, por tanto, no va a estar en qué se hace, sino en cómo. Y lo interesante es que esta es una oportunidad, nuevamente, de demostrar que en realidad la innovación no consiste ahora mismo en tener las mejores ideas, sino las mejores implementaciones. Se trata de una oportunidad no sólo para ver si las propuestas mencionadas (micropagos, impresión bajo demanda o freemium) son aplicables a otras marcas, sino también para mejorar nuestro propio concepto de “qué es innovar”.
A la hora de compartir ideas, bastante gente adopta un perfil opaco, aunque tal vez menos en Internet que en otros sectores. Casi, a estas alturas, parece un gesto inmaduro intentar proteger ideas pensando que el valor está en la idea en sí. Como no son las ideas, sino su realización lo que hoy por hoy puede hacer ganar y sostener alguna ventaja competitiva, no sólo no es positivo sino tremendamente negativo esconderlas y no exponerlas al juicio y la mejora por parte de los demás. Esto nos lleva a otra clave del desarrollo innovador: la transparencia. Ocultar los fines de un proyecto (personal o colectivo) ahora mismo no es la manera más adecuada de afrontarlos. En definitiva, compartir ideas y ser transparente es la mejor forma de obtener opiniones ajenas, aprender en las experiencias de los demás, y no tropezar en las mismas piedras.
La consecuencia práctica de esta filosofía, a cómo desarrollamos negocio, y muy especialmente en contenidos digitales, es:
1. Hay que cambiar el foco de la alquimia, de la eterna búsqueda, al presente y a la mejora de los procesos, de las operaciones. No se puede parar la maquinaria, pero alguien debe poner un poco de sentido a su rumbo y plantearse no tanto qué se hace, sino cómo. Y si el modo de hacerlo está alineado con lo que se pretende.
2. Hay que aumentar los grados de transparencia. Precisamente la transparencia es característica de las mejores empresas en la red. Incluso, permitiendo a los propios usuarios la participación en tomas de decisiones y definiciones de producto. Si el prójimo no sabe qué pienso y pretendo, sencillamente no puede darme su opinión al respecto, me privo de una posible mejor idea por ocultar lo que pienso.
3. Todo esto implica una necesaria humildad intelectual y la aceptación de que las mejores ideas pueden proceder de cualquiera, de los usuarios, de los proveedores, de los amigos. Implica escuchar. Implica ser valientes (o, emprendedores). Implica estar dispuestos y listos para caer, y levantarse.
Y, en realidad, aquí introducimos un problema fundamental que se debe afrontar y hacer aflorar en procesos de gestión del cambio: la cultura de la organización. ¿nos hemos planteado y estamos afrontando de forma sincera los cambios de cultura organizativa necesarios para ser una empresa innovadora? (por supuesto, no hablamos de innovación grandilocuente y alquimista, sino de mejoras operativas y constantes de producto a todos los niveles. De que todos y cada uno de los empleados sean innovadores, mejorándose a sí mismos, primero, y en consecuencia, mejorando su empresa y la sociedad).
Dicen los chinos que un gran cambio empieza con un paso. Démoslo.
NOTA FINAL.
Una conocida anécdota de Rostropovich (en la imagen) era que, después de cada actuación, subía a su habitación y recreaba en su mente y/o ante la partitura su interpretación. Buscaba errores y mejoras. Sabía que volvería a tocar la misma obra, pero que lo haría mejor. Es un ejemplo, tal vez obsesivo, pero muy ilustrativo, del predominio del cómo sobre el qué. De la orientación a la acción, y de la mejora constante como innovación. Su proceso de maduración le convirtió en un músico único, innovaba sobre sí mismo, pero seguía interpretando la misma partitura. Otra cosa importante era que, consciente de su perfección humana (de su imperfección) se seguía subiendo a un escenario, se exponía.

