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El contenido, el dispositivo, el acceso… nos la jugamos en el acceso

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La nube levanta fundadas sospechas pero parece imparable. Puede decirse que es una realidad consolidada que no escapa a los que llegan a este rincón de Internet. Unido a la nube y como consecuencia lógica de la mayor conectividad,  la competitividad en dispositivos se está recrudeciendo en ciertos ámbitos que se han obviado por algún tiempo: smartphones, reproductores de audio y vídeo, dispositivos de geolocalización (GPS), y últimamente tinta electrónica y netbooks. Tal vez falte en esta lista algún dispositivo en ebullición (hasta pulsómetros, zapatillas de deporte “inteligentes”, tejidos para telemedicina…), pero las premisas suelen ser:

- la tecnología se simplifica hasta cierto punto

- aumenta la conectividad y la simpleza de uso

- sigue siendo una asignatura pendiente la autonomía de la red eléctrica (salvo en tinta electrónica)

- y ojo, importantísimo: está aumentando la vinculación dispositivo-contenido/servicio (y cambiando la relación de poder entre ambos)

No parece que la nube y el aligeramiento de los dispositivos sea una tendencia, sino ya una realidad. Amazon ¿vende dispositivos o vende contenidos o servicios cuando vende un Kindle? ¿Y Apple cuando vende el ipod? ¿y el iphone?

¿Qué pinta google desarrollando, con partners eso sí, un smartphone? ¿Y qué pinta Google desarrollando un netbook?

La tendencia parece clara y no es sólo nube/dispositivo, sino, posiblemente, como en el ajedrez, este movimiento tras los peones propios es la pugna por el centro del tablero. Y más que de “nube y dispositivo”, en realidad hablamos “dispositivo y contenido” como mera excusa y paso intermedio para llegar al pastel de “acceso y contenido”.

Google se ha ido a jugarle a Microsoft al terreno del sistema operativo, pero quedarse en eso parece un análisis incompleto de lo que este movimiento supone para el escenario. Porque Amazon no está en la batalla por el sistema operativo y también ha dado su salto al dispositivo.

El fondo del escenario es la eliminación de fricciones entre el contenido (o el servicio) y la audiencia. El dispositivo es una fricción entre nosotros y nuestra audiencia, y también lo es el ISP. Los movimientos que vamos a presenciar hacia el dispositivo pueden redefinir el juego de competencia en contenidos digitales. No se quedarán, posiblemente ahí y se darán saltos (para los que la principal barrera es la regulatoria) sobre la propia red de distribución de la información. ¿Que Google acabe vendiéndote también la conectividad con un operador virtual? No parece desacabellado si vende el dispositivo y el contenido. Las consecuencias de un movimiento así para la “neutralidad” de la red serían motivo de mucho debate. Al final, y en términos de negocio, la batalla sigue siendo la de toda la vida ¿de quién son los clientes? Si se vende un dispositivo con el “servicio” de acceso al “contenido”, quien vende el dispositivo es el dueño del cliente. Máxime, si puedo hacer que el servicio o el contenido sea exclusivo o mejor para los que compran mi dispositivo. El cliente paga por el acceso, sí: por el acceso al servicio y al contenido.

Que una empresa de contenidos se ponga a trabajar en dispositivos parece lo más lógico. Apple, Amazon y Google (y Microsoft a su manera), lo tienen meridianamente claro. Las aproximaciones al dispositivo en España parecen testimoniales, anecdóticas, y ninguna la protagoniza una empresa “de contenidos”. Poco más que poner la marca a un aparato clónico (como han hecho Facthor o El Corte Inglés) (Si alguien conoce algún ejemplo diferente de España, estaría encantado de verlo). Reflejo, puede ser, de que no se entiende en nuestro mercado como estratégico llegar al dispositivo, lo que podría ser, según la visión que aquí se expone, un enfoque miope o poco ambicioso (por más que el posibilismo y las circunstancias manden).

Los movimientos al dispositivo pueden llegar a cambiar la relación de poder, el lock-in de los clientes, entre los ISPs y los contenidos, y con ello el escenario y las economías para los que jueguen a los contenidos digitales. Hay que dar la batalla en el dispositivo, no podemos dormirnos en los laureles pensando que somos empresas “de contenidos”. La batalla estratégica está en el contenido, sí, pero también en el acceso y se accede por un dispositivo (y por una red).

cc image: Head for Chess